domingo, febrero 04, 2007

PARA CUÁNDO LOS CARTELES

No se metan con Sarlo

Alguien podría pensar que el mundo está mal porque los intelectuales no tienen acceso a los medios y por ende sus más brillantes reflexiones, se quedarían sin tener la posibilidad de ser verdaderas intervenciones en el campo social. Éste no parece ser el caso de Sarlo, la intelectual más mediática del país. Nadie duda de sus valores, pero entonces qué pasa con la relación intectuales-medios-sociedad.
Claro, sabemos que esta relación no depende de ella únicamente. Lo que pasa es que Sarlo se ha transformado, con el correr de los años de la democracia, en una especie de emblema, de marca, de cómo un intelectual se para frente a la indefinible opinión pública. Nunca como hoy -y basta con recorrer los suplementos culturales- los intelectuales universitarios han tenido tanto acceso a ser difundidos por los medios. Son consultados, a diario y cualquier lector que se acerque diarios y revistas pordrá tener acceso a sus opiniones sin recurrir, necesariamente, a publicaciones especializadas. A tal punto se han aceitado estas relaciones, que frente al menor rumor o roce, rápidamente aparecen centímentros cuadrados de papel para que el especialista en cuestión pratique sus descargos. El caso que sigue puede ser un ejemplo de esto. Desde ya decimos que cualquier persona tiene derecho a dar sus opiniones libremente y que en este caso en particular entendemos que Sarlo está en lo justo.

En el suplemento Radar del diario Página 12 del domingo 4 de febrero de 2007, podemos leer la respuesta de Beatriz Sarlo a una nota que Saccomano había escrito, el domingo anterior, en el número especial dedicado a Soriano con motivo de los 10 años de su muerte.
Sarlo, dice que es objeto de una historia, anécdota, falsa inventada por Osvaldo Bayer. Según la historia de Bayer, Sarlo invitó a Soriano a una de sus clases en la Universidad de Buenos Aires, y habría montado un escenario para que los alumnos se burlaran del escritor porque éste terminó la escuela primaria a los "tumbos".
Sarlo aclara que jamás lo invitó y que tampocó pensó, en términos críticos, oposiciones del tipo Saer-Soriano.
Lo más interesante, a nuestro juicio, es la frase final de su descargo en relación a sus años de profesora universitaria: "Enseñábamos lo mejor que podíamos, la mejor literatura que creíamos que se escribía en la Argentina".
¿Podríamos interpretar? Ok Soriano, sos un buen pibe, vendiste muchos libros, pero con el canon, ni sueñes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Podemos intuir que hay una serie lecturas, amistades, estilos que debemos cultivar para pertenecer al canon? ¿Es posible no desearlo o, incluso, querer mantenerse en el margen?

Deshecho dijo...

Desde la perspectiva de Link, no habría amistades previas al texto- al menos eso entendimos de sus palabras- con lo cual el canon vendría a la postre, como resultado de dichas lecturas, texturas, etc. Sin embargo, cuando un canon se consolida, como lo está hoy en día, vale decir que hasta Cucurto habla como un Puán boy aunque se vista de marginal, entonces cierta estética dominante absorbe todo hacia su centro, de manera centrípeta. Es un momento especial y por lo que vemos no se escuchan voces disidentes.
Sobre lo segundo, creemos que es personal. Una elección, si es que esto es posible.
Gracias por el comentario!