domingo, mayo 06, 2007


Sobre un dragón llamado Cortázar

En una camioneta como esta de la foto, Julio Cortázar y su mujer Carol Dunlop, recorrieron la distancia que separa París de Marsella. En ese recorrido hicieron todas las paradas necesarias como para elaborar el libro Los autonautas de la cosmopista. Un libro de viaje, que es turístico si por turismo entendemos una variante de la aventura.

En homenaje a ese dragón, el texto que sigue:


Fafner

Hoy que la ciencia demostró que los mitos eran puro cuento –se comprobó que el caballo de Atila no sabía trotar– hay muchos para los que la existencia de Fafner no remite a nada. Algunos sostienen que es un índice mocho que no señala a ninguna parte. Y los que lo conocen de más cerca saben que con suerte y una fuerte bronquitis otoñal, apenas podría escupir una flama que no alcanzaría para encenderle el toscanito a un jubilado en la plaza.
Para todos es el triste emblema de una raza venida a menos. Su leyenda no asusta a nadie; es más, hay gente que, aún viéndolo en un buen día, jamás llegaría a relacionarlo con sus antecesores, aquellos brutos mastodontes que supieron sembrar el terror en la lejana Prehistoria. Este dragón famélico merma sus potencias, día a día, tras las rejas de su jaula en el zoológico municipal.
Las autoridades de dicha institución, están pensando en reemplazarlo por una tortuga marina de Nueva Guinea que en una pileta olímpica es capaz de permanecer días sumergida sin alimentarse. “Podría ser una gran atracción”, prometen en rueda de prensa. Pero hasta ahora son meras promesas electorales de quienes buscan perpetuarse en un cargo. Lo cierto es que el presupuesto es insuficiente y en lo que toca a Fafner, a nadie le interesa sostener monstruos pasados de moda. A decir de un conocido mío que trabaja en la administración del zoo, el grueso de los fondos que gira el Estado se dedica a mantener bien alimentados a la boa constrictora, las aves rapaces y al león, que el mes pasado, por aparente negligencia del cuidador, se merendó a un niño de unos seis años.
Se sabe que la jaula de Fafner, el dragón, hace un par de años que no figura como parada obligatoria en el plano que enseña el recorrido de la visita guiada. La melancolía tardía de algún chico obliga a que su madre lo lleve a ver la jaula de Fafner, pero cuando llega, la decepción ensombrece su rostro y el chico sale tirando del brazo de su progenitora y clamando por pochoclos y gaseosa.
Un psicólogo de animales que trató a Fafner el verano pasado elevó un informe que salió publicado en la revista veterinaria “La jungla de hoy”. Se puede leer en ese artículo cosas como “Fafner experimenta un estado depresivo, producto del desarraigo y la falta de filiación”. “Es cierto que se le buscó pareja”, compensa el especialista, pero se lamenta “resultó ser el último de su especie”. El artículo cierra denunciando el estado actual de las cosas “en el mundo de hoy” e invitando a reflexionar sobre cuestiones de medio ambiente y hábitat.
Fafner ajeno a esta bibliografía se muestra consumido en sus propios fuegos, oteando el horizonte hecho de edificios, fumándose de a poco.
Recientemente un canal especializado en flora y fauna, realizó un especial sobre dragones. Allí estuvieron toda una tarde montando luces y cámaras. El resultado fue un espectáculo circense donde se veía a Fafner tratando de cocinar unas brochetes que le pasaban a través de las rejas.
Dos días después de la emisión del programa, Fafner se apagó para siempre en su jaula. En la sección de sepelios de la revista antes nombrada se leyó el siguiente obituario: “murió hoy en el zoológico municipal, Fafner, el último dragón que quedaba”.

miércoles, mayo 02, 2007

Frank Sinatra - Fly Me to the Moon Lyrics

A lo que nunca va a llegar Gerardo Sofovich, por más que intente hacerse el pesado.

martes, mayo 01, 2007

Día del Trabajador

1° de mayo. ¿Nos acordamos?


Hay un problema que podríamos llamar de los "alcances". ¿Hasta dónde llega una problemática? ¿Hasta dónde un conjunto de presupuestos puede dar respuesta a un problema determinado? ¿Hasta dónde una proceso histórico puede seguir siendo analizado? Por supuesto, podemos seguir pensando preguntas. Pero, si pensamos respuestas podemos decir: una sola persona no puede abastecer nuestras curiosidad saldando cuanto interrogante se nos ocurra, podría ser tildado de autoritario; un grupo de personas, tampoco, podría ser tildado de vanguardia esclarecida (¿les suena?); un conjunto de partidos, quizá caiga en la desgracia de ser tildado "demócratas inútiles". Por cierto, los que aceptamos que las problemáticas no siempre tienen una solución acabada y unilateral, descubrimos a diario, que otras personas, se especializan en la acción de tildar y sueltan adjetivos tales como "berreta" cuando entiende que un texto está inacabado o cuando de su lectura se desprende que no garantizamos -después de dar una propuesta- ninguna clase de resultado. (cfr. nota sobre la Feria del Libro 2007 del mes de abril) A veces entramos textos -a este blog- que sólo quieren ser disparadores. En cambio, no aspiran a ser perfectos ensayos de proyección política. En el post mencionado, tiramos la idea de una agremiación de trabajadores especializados en el tema "libro" porque entendimos que de esa manera, con una clara conciencia de su propia fortaleza, un grupo acotado de trabajadores, podría, llegado el caso, tomar una medida de fuerza. En el caso concreto de la Feria del Libro el 1° de mayo, no asistir a trabajar. Sin embargo, hay personas que se sienten defraudadas por una retórica del compromiso. Está bien, hay libertad de pensamiento. Creemos por otra parte, que en nuestro espacio, también mantenemos un compromiso con la retórica y que no nos vaciamos de sentido. Es más, pretendemos hacerlo fluir todo el tiempo. Como dijimos cuando empezamos estas líneas, los alcances deben pensarse en todos los sentidos. El que señala, también es señalado. El acusa de "ideológico", también tiene lo suyo. El que naturaliza, por algo lo hace.

Hoy escuchamos a menudo, críticas al pensamiento de izquierda de parte de personas que se paran frente al devenir histórico desde un lugar, que además de no entenderse bien, creen que no deben justificar de ninguna manera. Para ellos, lo antes dicho sobre los alcances. Los problemas que con orgullo señalan como no resueltos por un pensamiento de izquierda, tampoco lo resolvieron ellos, nunca, y mucho menos, en el día a día. Es más, siempre nos proponen las mismas recetas a contracara de tratarnos de ingenuos. Para ellos también, nadie nos da garantía del sentido de la historia, tenga ésta o no, un sentido, a priori o en acto.

Para nosotros, hoy es nuestro día. ¡ Vivamos nuestro 1° de mayo !

ACTITUD NEGATIVA

BUENOS AIRES -
(TU DESIGUALDAD)
PATROMONIO UNESCO
DEL HORROR



Lecturas deshechas. Ocio, novela de Fabián Casas

El Ocio debería ser la religión de los pueblos

No conocemos a Fabián Casas de ningún lado. Él tampoco nos conoce a nosotros. Estamos casi seguros de que tampoco lee nuestra página, como no lo hace más del 99 % del resto de la humanidad. Alguien dirá ¿a qué vienen estas palabras? ¿Qué sentido tienen, si el objeto de este texto es una mera reseña de alguna obra del mencionado autor? Pues, la verdad, es que estas palabras no vienen a nada en particular. Sin embargo, no son un simple carreteo. Entendemos que hay algo más que justifica su presencia aquí. Creemos contra toda teoría literaria puramente inmanentista que lo que viene en breve estará menos viciado por cualquier parentesco, filiación, o sencillamente un amiguismo sincero u oportuno, justamente por tener la propiedad del anonimato total. Sabemos cuántas palabras laudatorias recorren las calles colectoras de la literatura, fieles a la lógica de los dones o del Potlatch. En nuestro caso no hay nada de eso. No por eso somos mejores, ni tenemos mayores méritos ni aciertos: que alguien sea chupamedias no invalida sus capacidades, las que por otro lado, pueden ser muy variadas e interesantes. Dicho esto, lo que nos toca, es aventurarnos sobre una novela breve de aparición reciente, llamada “Ocio”.Lo que podemos decir sobre esta novela corta es que trata de armar a lo largo de una serie de aventuras hiladas con sutil cadencia e imperceptible declive una definición. Como si todo el texto conformara un diccionario de una sola palabra. Es probable que esto sea válido para casi toda la literatura, sin embargo, en este caso, en un momento de la lectura, como una manzana, nos cae la sensación de narración alcanza a perfilar una idea multicolor y prismática de esa virtud llamada ocio. Sí, esa especie de negatividad adorniana que se para frente al fluir cotidiano del trabajo, de las voces del barrio, y articula de alguna manera, con una voz que en este caso no se llena de los tics del realismo, la perspectiva de los hechos para mostrar su carácter convencional. La casa donde el personaje principal vive, se va mostrando en distintos momentos como si fuera uno de esos dibujos cubistas los cuales, luego de mirarlos tomando distancia nos dan una figura completa. Así, con este procedimiento de armado facetado –al menos esta es nuestra interpretación- cada una de las voces y los cuerpos, logran con el correr de las páginas aparecer frente a nosotros en toda su dimensión, pero sin desdeñar cierto carácter fantasmal. Porque siempre aparece un resto, un fragmento ligado al discurso de la falta, que potencia las realidades de los personajes dándoles esa profundidad espectral.

Recomendamos la lectura de Ocio, novela de Fabián Casas, publicada en 2006 por Santiago Arcos editor, Argentina.

Elecciones afectivas


Historia del Ojo


Los gustos no son libres. La trama de causas que soporta nuestras elecciones es por demás compleja y seguramente debería ser estudiada de manera multidiciplinaria. Como cuando hablamos del problema de la inflación y aparecen toda una serie de analistas que siempre atribuyen las raices de este fenómeno social, económico, etc. a razones monocausales. Por ejemplo, los monetaristas que entienden que la única causa de la inflación es el alza de los salarios. Habrá, entonces, que pensar en soluciones más plurales, con una mayor cantidad de abordajes y con una verdadera voluntad por el consenso de parte de los distintos actores sociales. Algo difícil dentro de una lógica capitalista.


¿Todo esto para justificar porqué pusimos esta foto del ojo? Sí. Simplemente porque nos gustó. Porque es un ojo que viene de un país extraño, con días torridos, y tardes de ocio otoñal. Saludos a la gente de Chechania.

domingo, abril 29, 2007

Feria del Libro 2007

La cultura de la Feria

Se acerca el 1° de mayo y la Feria del Libro estará abierta como cualquier otro día del año. Muchos editores que se cuelgan las medallas por su heroica resistencia en los años de la dictadura, parecen olvidar el sentido del 1° de mayo. Como los cocineros que no comen lo que cocinan, venden libros con la izquierda -en muchos casos- y facturan con la derecha.Esto no va a cambiar hasta que no aparezca una agremiación de trabajadores del libro que sea independiente de empleados de comercio.





miércoles, abril 25, 2007

Deshecharte

Narrativa Deshecha

La Cartonerie

Toda obra de arte es un delito a bajo precio
T.W. Adorno

I

No hubo más que noes a los petitorios y entonces el Ministro y su recorte no pudieron menos que tener éxito. No hubo hambruna, tampoco un plan de ayuda social. Las clases no empezaron y nadie dijo “no” al estado de cosas. El Presidente, mientras tanto, no claudicó; sólo trocó en sus discursos unos pocos adjetivos negativos. Por otro lado, no pudo no negociar y finalmente privatizó las últimas reservas no explotadas, sin augurar mejoras para el año siguiente. Se supo que en un discurso que no llegó a pronunciar había escrito: “No negaré que hubo un alza en los precios, tampoco, que el campo no tuvo cosecha, sin embargo, no dejemos que la desesperanza nos gane”.
En mi vida personal, mi primo, que siempre volvía del trabajo en tren, no llegó a decirme “esperé el tren, pero nunca llegó”. A decir verdad no tuve más remedio que inferir esto. Nunca más volvimos a vernos después de aquella mañana en la que nos despedimos y él se fue para la fábrica. A mi mujer la esperé en vano. Había salido de la ciudad a visitar a unos clientes, pero no habrá encontrado manera de volver. Hace unos días, me pareció que mi hijo, por no molestar, no se atrevió a preguntarme por su madre. Los dos solos, en casa, dejamos de salir a pasear, como solíamos hacerlo después de cenar, simplemente porque dejamos de cenar. El régimen de ayuda social se detuvo porque según palabras del ministro “no podemos no recortar gastos superfluos”. Mi hijo y yo no imaginábamos cómo era no comer. “No vamos a lograr resistir mucho tiempo más”, pensé. Aunque el tiempo no dejó de pasar como antes, como siempre, comenzó a tener menos importancia o simplemente dejó de tenerla desde el día en que tuvimos que empeñar el reloj, no sin el agravante de no conseguir dinero a cambio. Al día siguiente de haber dejado en garantía el reloj, fuimos a buscar la suma prometida por el prestamista, pero la casa de empeños no había abierto sus puertas. Un vecino del local me comentó que había visto al dueño cerrar el comercio la víspera, pero que ahora ignoraba su paradero. “¿No va a hacer la denuncia?”, me preguntó bajo la lluvia, frente a la persiana del local. “No veo que sea posible, no tengo a quién denunciar”, le contesté.
“Por esta razón -comencé a pensar- para mi hijo y para mí, el tiempo deja de pasar, porque el tiempo es eso que medimos.” Así, la palabra tiempo comenzó a desaparecer de nuestro vocabulario. “¿No la vamos a usar más?”, me preguntó mi hijo. “No sé –le contesté–. ¿Por qué?” No respondió. Sin embargo, no dudábamos de que el tiempo, que no dejaba de acorralarnos, en la urgencia de quien no tiene qué comer, no dejaba simultáneamente de desaparecer.
Lo mismo notamos del espacio. Todo comenzó a volverse prescindible, anecdótico. El administrador del consorcio no salió en nuestra defensa cuando el dueño del departamento que alquilábamos con mi hijo, le advirtió que no toleraría más negativas a la hora de venir a cobrar. A esto, el solícito administrador respondió: “No se diga más, en breve, no ocuparán más el departamento”.
No pudimos salir por la puerta de adelante ya que habían decidido negarnos ese privilegio. Eso podría habernos parecido una ofensa, pero mi hijo y yo no lo tomamos así. Estábamos acostumbrados a salir por la puerta lateral que daba a una calle sin salida, mucho menos ruidosa que la avenida que rozaba la puerta principal. Esta avenida, sin embargo, no dejaba de tener la apacible vista del parque municipal, que estaba cerrado desde hacía meses, cuando la última partida del presupuesto dejó de existir.
Finalmente resultó no ser una mala salida a la situación. Decidimos saltar la valla e instalarnos precisamente en el parque, que tantas veces habíamos visto, sin reparar en él. Del otro lado de la valla, comprobamos con mi hijo que no éramos los únicos que usábamos la intimidad de ese parque como residencia temporal. Un señor de barba muy larga nos recibió con la siguiente pregunta: “¿No me van a decir que a ustedes también los echaron?”. “No le podemos decir que no”, respondió mi hijo rápidamente. Los tres nos reímos. “Los invitaría con algo, pero todavía no pude conseguir nada para desayunar.” “Está bien, no se haga problema, recién llegamos y vamos a ver dónde podemos ubicarnos.”
No fue difícil encontrar una parcela donde sentarnos a la par de la casi ninguna cosa que llevábamos con nosotros. Sentarse para comprender eso que no pasaba, y entender que nuestra inercia en la nada podía no tener fin. Claro que no era pesimista: ser ya me bastaba y adjetivarme, llegado el caso, era un lujo que no me interesaba usar. Mi hijo también era, pero yo noté que él había empezado a ser antes que yo. Me pregunto si en un futuro llegará a decir “yo empecé a ser desde muy chico” y aunque esto no sé si será así, no dudo de que sea posible.
Pero no me parecía propio pensar en el futuro cuando el presente no dejaba de amedrentarnos. No era que no valorara el hecho, que nos privilegiaba, de estar ahí y en ese momento, en el filo de la existencia. Lo que ocurría era que no se podía negar que estábamos hechos de discontinuidades. No somos un espacio homogéneo; estamos hechos de grietas, pliegues, donde no siempre crece la certeza. Por el contrario, no puedo negar que en estos resquicios muchas veces crece lo opuesto a la nobleza y entonces, cuando no nos habita la virtud, podemos volvernos nosferatus que no encuentran un lugar donde saciar sus inquietudes.
Desde ese punto de vista no había misericordia para nuestras almas, estábamos obligados a tornarnos más reacios a cuestiones espirituales y no sin melancolía, pero dispuestos a no mirar hacia atrás, decidimos no cejar en nuestro derrotero. “No veremos la orilla de enfrente, ni la luz en el fondo del túnel –le dije a mi hijo– pero ya verás que nada nos detiene.” Me sonrió, mientras se negaba a comer solo una galleta, que no había querido comer nuestro vecino de barba, y al mismo tiempo que la partía me dijo: “No hace falta que prometas nada, no tengo dudas”.
Habida cuenta de que en ese sencillo acto de la galleta se cerraba un trato de caballeros, los dos entendimos que el futuro no iba a ser un problema. Además, en lo personal ¿quién podría negar la actitud heroica de dos hombres que no temen al devenir? Ese mismo devenir que no dejaba de afligir a la mayoría, a nosotros no nos afectaba más que lo que podía incomodarnos la lluvia cuando estropeaba nuestra casilla de cartón y había que entender que era un material no durable.
En el contexto de nuestra arquitectura, el señor de barba, que, según dijo una noche, había sido arquitecto, se acercó, para preguntarnos si habíamos escuchado las nuevas negativas del gobierno a los reclamos de los sin techo. Con mi hijo nos miramos, mientras detrás de nosotros, la casilla se desmoronaba como una galleta de agua en un café con leche, y al unísono contestamos que no. “Pues bueno –dijo el arquitecto– no hubo arreglo. A partir de mañana no nos van a permitir que estemos más acá. Vienen las topadoras.”
Nuestra precaria arquitectura no dejaba de tener un lado positivo: Nos volvía nómades. Contrariamente, todos aquellos que proclamaban junto a sus chimeneas las teorías del “no-lugar” no pudieron menos que ver realizadas sus hipótesis. “Cuando la experiencia es ajena –le dije a mi hijo– mientras salíamos del parque a la par que entraban las topadoras, no podemos equivocarnos.” “No es para amargarse –me conformó– no va a faltar un lugar para nosotros.” “No me amargo hijo, sólo pienso en voz alta.” El arquitecto, al que nos encontramos en una esquina del parque, nos dijo que no tenía pensado dónde ir. Le respondimos que se uniera a nosotros y que ya íbamos a ver qué pasaba. “¿Están seguros de que no incomodo?” “No, hombre, no incomoda, acá a nadie se le niega nada.”

II

Aprendí a ver la funcionalidad de la arquitectura desde la primera maqueta que hice cuando era estudiante. Sin embargo, la funcionalidad no es el tema en cuestión.
Hoy cuando camino por las calles y veo personas durmiendo en cajas de cartón siento un profundo respeto por la mente humana. Desde tiempos inmemoriales, el hombre buscó refugio en las más diversas formas de la naturaleza. ¿Por qué no ver un arquitecto en esos hombres que con unos cuantos cartones edifican su hogar? Los mueve la necesidad de dormir a cubierto una o mil noches. Pero lo increíble es ver cómo entienden lo que hoy definimos en la arquitectura de vanguardia bajo la idea de lo efímero, lo mudable. Son los padres de la arquitectura integrada al medio. Captan profundamente la vacuidad de todo proyecto. El arquitecto como lo entendíamos murió. Quién quiere la firma del autor de un rascacielos en la parte inferior de un plano. Hoy la ciudad se disuelve. Esas casas nómades son la forma pura. Si esas casas, esas formas, expresan la nada, ¿qué son sino fantasmas? No lo son para otra cultura, pero sí para la nuestra. Nuestra idea del espacio es diferente. No pensamos el espacio como en la casa japonesa donde las paredes se mueven y de pronto, con un simple corrimiento, la casa es el jardín. En mi estudio, al lado de la maqueta del nuevo parque municipal que estoy diseñando para el gobierno de la ciudad, tengo unas piezas de cartón que me regaló un artista japonés. Esas piezas tienen partes móviles articuladas por unas pequeñas rótulas. Toda su estructura es sensible a las variaciones de la humedad ambiente, esto hace que todo el tiempo, según varíe la humedad, estas figuras muden sus poses. De acuerdo a luz que entra por las ventanas, las piezas proyectan sombras y todas las tardes distintos fantasmas se mueven por mi estudio. Llego a sentir una especial familiaridad con ellos. Son espectros cuya imagen es una evanescencia caprichosa. Humanoides o traslúcidos dinosaurios, se arrastran por el suelo y a medida que el tiempo pasa se continúan, quebrados, por las paredes, por donde trepan hasta el techo. Para ellos la arquitectura no es una jaula, no es una prisión: es el lugar donde poder ser, el plano donde alguien los puede ver, y claro, sabemos que nadie es si no es visto.
Pero nosotros tenemos que construir, de eso se trata el progreso. Piso sobre piso, hacia el cielo, como en Babel, pero sin dios. Sólo para subir más alto y poder ver más lejos. Sí, casi pensar que el suelo es un viejo recuerdo, el mero lugar donde las topadoras revuelven el barro, las excavadoras hacen agujeros para asentar las bases de hormigón de nuestras torres, que van a erguirse primero esqueléticas como modelos de acero y después brillantes como si fueran el collar de una mannequin. Siempre seguimos la misma lógica y pasamos del plano al volumen en un simple acto; la continuación perfecta y acabada de nuestra soberanía sobre el mundo. Del proyecto al hecho en una sola línea que se traza desde la regla sobre el papel y continúa como si dibujara sobre las vigas, las ventanas. Todo en un solo y unívoco acto. Es el continuo: el plano y la ciudad, son una misma cosa, y todo lo que vemos ven en el plano, lo vamos a ver en la ciudad. Digo progreso, progresión y pienso en una cadena incesante de hechos vanos o no. Un puro devenir de apuntes y cotas, calcos que replican una naturaleza que ya es la mímesis de nuestros gestos. La sombra chinesca de nuestro trazo, la brújula que señala nuestra ausencia. Puedo decir que yo también me borro poco a poco en mis diseños, dejo de ser a medida que crecen las paredes sobre el papel. Me vuelvo más vago en cada ángulo que abre sus piernas sobre el plano. Vuelvo a mirar las paredes, su teatralidad blanca de vela de barco. Ahí estamos, somos conejos, ciervos o liebres; camellos, bueyes o avestruces, somos negruras arrojadas al espacio por las manos de un fumanchú olvidadizo.
Nuestra urbe no se trata nada más que de una habitación que diseñamos para ser poblada. La ciudad es una pared para la proyección de sombras, el escenario donde se recortan las siluetas de cada uno, y no se puede aceptar intervenciones torpes, no hay lugar para cuerpos casuales o silvestres. No. El territorio de nuestras ideas es la maqueta, pero en las calles reales también debemos sostener la casta belleza del cartón. ¿Quién puede pensar que eso será habitado? El precio de la civilización es la libertad. No creamos ni para la función ni para la lógica. Creamos para el espacio, su pura vacuidad. Quiero enseñarles ese plexo de líneas. Es tan apropiado hablar del éxito de cada trazo en el plano; es tan evidente que la acumulación de esos elementos, vidrio, acero, ladrillo, produce verticales y contraplanos; ejes donde el arco y la bóveda acunan los sentidos; ángulos donde se guarecen las perspectivas para cobrar fuerza y salir disparadas hacia las terrazas como si fueran flechas lanzadas por un arquero.
No puedo pensar en la arquitectura sin el hombre: su necesaria ausencia, su indispensable vocación de no existir. Siempre pienso en esto cuando proyecto. Pienso que el hombre no va estar ahí, que va enaltecer la obra con su exilio, que las calles van a ser como esas que en las maquetas, adornamos con árboles de cartón y cochecitos de juguete. Porque es sabido, al menos para mí, que todo busca su borramiento, su negación. Todo menos el vacuo cartón de las ciudades que inventamos. Esas que esperan hombres de cartón que las recorran, espectrales, a la luz de los tableros de dibujo.


Desechos Argentinos

Julio Argentino Roca
Sobre los obreros siempre llueven piedras
Después de haber aniquilado 20000 indios con el propósito de incorporar más tierras disponibles para el pastoreo y el cultivo. Con la excusa de llevar adelante una gesta patriótica, frente a la ameza Chilena por los territorios de la Patagonia, decía cosas como estas.
Estamos como nación empeñados en una contienda de razas en que el indígena lleva sobre sí el tremendo anatema de su desaparición, escrito en nombre de la civilización. Destruyamos, pues, moralmente esa raza, aniquilemos sus resortes y organización política, desaparezca su orden de tribus y si es necesario divídase la familia. Esta raza quebrada y dispersa, acabará por abrazar la causa de la civilización. Las colonias centrales, la Marina, las provincias del norte y del litoral sirven de teatro para realizar este propósito”.
Palabras del Excelentísimo y Honorable ex-Presidente de la República Argentina Julio A. Roca.

domingo, abril 22, 2007

Al Stewart - Year of the cat

Algún fanático comparó la entrada de Al Stewart en la escena de la música con una segunda venida de Jesús al mundo. Delirio total. Sin embargo, esos puentes comparativos son típicos de la imaginación rockera. Al margen de esto, quisimos postear este querible viejazo.
Amén.

viernes, abril 20, 2007

Elecciones afectivas

Hasta la Victoria siempre !

Victoria Abril

jueves, abril 19, 2007

Deshechos por el petróleo


Je t' aime Irak

Según el Financial Times, las reservas de petróleo en el subsuelo irakí, serían en doble de lo que se creía.
Estos datos seguramente eran manejados por los servicios de inteligencia americanos, explicando porqué las tropas norteamericanas y sus aliadas no se retiran de Irak.
Bush se declaró afectado por los asesinatos del surcoreano loco, quien cual Rambo se bajó más de treinta personas en una universidad del estado de Virginia, pero al mismo George W., no se le mueve un pelo con los miles y miles de víctimas, también inocentes, que cayeron y caen a diario en manos de sus tropas, las que por otra parte sostienen a contrapelo una ocupación completamente ilegítima.
Parece que Bloomberga tiene razón cuando sostiene que la madre o padre de todos los males de la humanidad es la inseguridad. Es claro que el precio del petróleo y el control estratégico de las cuencas privilegiadas donde este líquido surge con extrema facilidad, no tienen nada que ver.
También es patético el rol que jugaron los medios de prensa locales cuando cedieron sus primeras planas a la "masacre de Virginia". Es para pensar en términos antropógicos cómo determinadas acciones patrimonialistas ejercidas por la política imperial de EE.UU. terminan montando fechas y eventos en los calendarios ajenos como si éstos fueran propios. La operación más reciente y emblemática fue la del 11 de septiembre. ¿Era el día del maestro? ¿Había pasado algo en Chile?

lunes, abril 16, 2007

Deshechos por la desigualdad

A Grondona le preocupan los piquetes


en verdad estos chicos no están deshechos. Los desechos son los que llaman ideológicos o políticos a los reclamos salariales, cuando es justamente a la inversa.

domingo, abril 08, 2007

Deshecharte

Hoy:
Basquiat

sábado, abril 07, 2007

Derechos deshechos

La letra con sangre ¿entra?

Los recientes incidentes acaecidos en Neuquén dejaron como saldo la muerte de un docente. Queda claro que estos gobiernos no pueden reprimir no porque, como dicen algunos, la falta de legitimidad en la esfera política no les permita ese tipo de actuaciones, sino porque a pesar de los malditos años del menemismo y la Alianza, con su ola entregadora en lo económico y despolitizadora en lo ideológico, la sociedad -aun maltrecha- demostró que la democracia es y debe ser el ejercicio horizontal del poder. Es por eso que estas democracias no pueden reprimir; no pueden hacerlo porque sólo ejercen el poder en transacciones hechas a medianoche y a espaldas de la gente. No ejercen el poder de una verdadera representatividad. El Estado en su versión de monopolio de la fuerza se encuentra en crisis. El famoso Estado ausente, es burlado todo el tiempo por una sociedad que le lleva la delantera y frente a la cual sólo puede dar respuestas estúpidas como la que dio en Neuquén. La sociedad actual, hace rato superó la escuela primaria como para que unos bárbaros de uniforme quieran llevar a la práctica el conocido eslogan de la pedagogía que titula esta nota.

Quedamos a la espera de la renuncia del excandidato a presidente 2007, por ahora gobernador de Neuquén.

Novedades en la web: El sitio de Daniel Guebel

Canto a mí mismo o el mito del escritor

Les recomendamos a todos nuestros lectores visitar la página de Daniel Guebel, un prolífico escritor argentino que recorrió diversos géneros desde el periodismo pasando por el teatro para desembocar en la narrativa sea esta cuento o novela.
En el sitio en cuestión (www.danielguebel.com.ar) van a encontrar un resumen biográfico y bibliográfico de Guebel, pero además –y acá ponemos el énfasis- podrán disfrutar de una entrevista en video, seguramente filmada en la intimidad del autor. Su casa subraya su discurso autobiográfico y después de ver el conjunto dispuesto por Guebel (su web, su film, etc.) el autor de “Nina” nos regala una pregunta no dicha explícitamente en el reportaje pero cuya licitud tácita cae por su propio peso: ¿Cómo ser escritor sin construir el propio mito? Guebel no responde a este interrogante, pero por el polo opuesto se dedica con medida retórica a montar –como en esos cuadros que veía en su niñez- su propia representación. Cómo diría Henry James, ¿es posible representar lo real?
La segunda cuestión que recorre subterránea las palabras de la entrevista es: ¿Tiene sentido un mito si no es a futuro? Esto demuestra cómo la composición de un recuerdo –legendario o no- a futuro se legitima siempre con materia pasada. Eso que creemos hipotético e impalpable –a futuro-, no es otra cosa que la deriva interpretativa de los huesos del ayer. Para eso Guebel repasa su formación familiar, su pertenencia de clase, sus primeras intuiciones y fastidios con el mundo circundante. Es acá cuando, finalmente, como bonus track, Guebel nos regala una conclusión fundamental para aquellos que piensen dedicarse a la escritura. Esto es, cómo viniendo de una infancia que el propio Guebel definió como de un perpetuo desencaje con el mundo se puede pasar a un desarrollo estratégico de encajar en él.

viernes, abril 06, 2007

Águas de Março!

Es la más grande y si bien este comentario peca de patoteril, lo decimos con mucho amor: es la única capaz de cantar y reir al mismo tiempo, tiene un tempo increible, por eso, para ustedes: Elis y Tom. (1974)

jueves, marzo 29, 2007

Deshecho forever

Más vidas que un Diego



Te bancamos siempre, dice un sitio no oficial del astro 10, el más grande, el heredero Bochini. Y sí, por qué no. Lo bancamos. Sin embargo, también es justo decir que tenemos las "pelotas" infladas de tanto dieguismo. ¡Qué paradoja! Pero será así por siempre. Más allá de la muerte, pervivirá en fotos, videos y homenajes. Nosotros, secretamente, aun con nuestras contradicciones, lo guardamos en el rincón de los bellos momentos del fútbol, ésos en los que aparece la inteligencia del arte en una jugada que se ilumina por el extrañamiento. Quizá Gwen Stefani pensó en él cuando compuso esta letra:

"And all I wanted was the simple things
A simple kind of life"

sábado, marzo 24, 2007

La memoria no deshecha


24 x 76 x 30000
la cifra del terror que hoy perdura en la desigualdad